lunes, 9 de septiembre de 2013

V

Escucho entre los frutos que ven la podredumbre
el duelo de los siglos. En ese cáliz bebo,
rondo la copa y bebo, digo la libertad
donde la noria extingue su lágrima y su sombra.
Miro en el funeral del pueblo su esperanza,
no sé de qué lugar vuelve a nacer su fuerza,
no sé de qué estertor vuelven a mí sus huesos.
Esta demolición no es una voz vencida,
aún los animales asoman a los límites.

De "Canciones para animales ciegos"

miércoles, 26 de junio de 2013

Poema XI, La luz de los metales

Lágrima que despoja mi tesón, oscuro germinar de la insistencia.

Sé que los árboles reviven, que el viento abre sus fauces y se inunda, que el fuego se destiñe en su prisión.

Debajo de la noche, una jauría corre veloz a sus cuarteles: entonces yo te amo.

En la fertilidad aúllas, crujes, abres sonidos llenos de quebranto y hasta el silencio asciendes.

Un funeral de luz cruza tu cuerpo.



De "La luz de los metales"

jueves, 23 de mayo de 2013

XXXIX


 
 
Afuera no regresa la lluvia ni su sombra,
ni el humedal libera las celdas de la nieve;
es tarde en las alcobas donde la luz se extingue,
donde la confusión desgasta la memoria
y desnuda sus llagas. Es tarde en estos líquidos
que suturan los cuerpos después de la aritmética,
y es tarde en los violines que alimentan la música:
antecede al abismo, ven a mi corazón.

De "Canciones para animales ciegos"

jueves, 25 de abril de 2013

II

Hacia el degüelle van los animales ciegos,
sus corazones gimen, sus voluntades sangran
y en sus pupilas yacen la luz y la certeza.
El peso de la noche se extiende por sus lomos,
y la humedad carcome con hambre e injusticia.
Cruzan entre cadáveres de anónimos hermanos,
lloran en mansedumbre la desaparición,
arrastran la cadena que sostiene el insomnio.
Huelen traición y mierda, oyen los alaridos,
oyen cuchillas, fierros, desagües del horror,
envolturas de plástico, urgencias y balanzas
que asoman a la mano que amarga la sentencia.
Hacia el degüelle van los animales ciegos,
mi corazón les llora, mi corazón es prójimo:
hierba de su dolor, su voz, su semejanza.


De "Canciones para animales ciegos"