jueves 9 de julio de 2009
domingo 28 de junio de 2009
Para no morir
formamos la palabra
y hacemos de su pulso
el cuerpo en la ceniza,
a qué temible muerte nos alzamos,
a qué lugar del aire
orlamos con gorjeos hondos
para ascender al tiempo.
Cruje la edad con sus caminos grises
y el árbol desteñido en la memoria
pende en los siglos.
Rompe la luz
en amarillos lentos de contornos
y forma los ocasos.
¿Y para qué las sombras con sus fuentes
cubriéndonos entonces,
si aún bajo las cuencas frías
surge el aliento herido de la voz?
Vendrá jamás
o vendrá nunca
el cuerpo incinerado en el olvido.
Ni el despoblado vientre
irá formando pueblos
en la infalible ausencia.
Entonces la palabra,
con su rigor,
abriéndose en la exactitud del mundo,
que hila sus horarios.
La noche y su destiempo.
La ausencia renacida.
La sumergida luz.
El peso de los años bajo el césped.
Jamás yace el poema.
miércoles 24 de junio de 2009
La trizadura
Corromperás la seda,
el hilo instrumental de tu hermosura
donde la tarde gime
herida ya o saciada en la serpiente.
Ligera entre los cuartos, tú
serás la nieve atravesada por mis ojos:
la pálida gozosa del amor,
la célica en abismo
que cruza o que ilumina el árbol de los ciegos.
Te palparé la sombra,
el límite frontal del nido
donde el tatuaje es dorso y meta;
florecerás,
florecerás la costa y el costado, la abertura
donde la sangre escribe
el pálpito del semen que corrompe
la edad y el adjetivo
que entonces te descuelga para volver al mundo.
Corromperás el fósforo y la grulla
o el signo de tus muslos entreabiertos
para que asome el grito,
y más allá del grito,
del grito del amor, caucásica,
te alumbraré el oxígeno y la hondura,
la herida, el humedal,
el vértice y el código que traza tus adentros.
Y para qué lo oscuro,
si el mapa todo asoma en libertad
y en libertad te amo
y en libertad te ahondo lo táctil o invisible
del pétalo y su carne,
y el vello en su raíz, la trizadura
que el fuego con el fuego te alimenta.
