sábado, 5 de diciembre de 2009

XXVIII

Hecho de barro el todo desiste en sus vasijas,
las puertas que el silencio abrió, las tibias luces
después de los umbrales, el aire casi ciego
que insiste en componer la edad y sus manteles.
Desiste la humedad y el hueco del amor,
desisten herramientas que alguna vez forjamos,
desiste ante la herrumbre el peso de la luz,
la carga y el sonido que ocultan nuestros huesos,
el ácido y el yunque que incitan la memoria.

viernes, 4 de diciembre de 2009

XVIII

Oigo el gemido gris de todas las ciudades,
caballos que el silencio hundió bajo la noche
para formar las viudas del miedo y de la sombra.
Oigo el temor y el odio untando sus miserias,
la sequedad sin límites que dilata el olvido.
Puedo escribir cenizas, callar en los discursos,
abrirme a la piedad en llanto o en silencio
para que el tiempo escurra sus imanes vencidos.
Puedo sentir la sílaba pronunciada en el hambre,
la desaparición y el óxido en los huesos,
el nombre de la sed fraguándose en la edad,
tanta memoria herida, escasa ya de luz.

viernes, 27 de noviembre de 2009

XXXVI

Indescifrable el tiempo extiende sus heridas,
brama en la nieve rota por otros caminantes.
Por qué nombrar los rostros que el aire sacudió,
la pálida altitud que el fuego hirió en cenizas;
la sed, la luz, el río, la muerte en cementerios
por donde todo gira para vaciarse en lágrimas.
Para qué descoser la paz de la envoltura,
la multiplicación y el ácido sin límites,
la tregua y el silencio después de arar la tierra.
No existe aquí una roca para que nazca el mundo,
un túnel que florezca para que inicie el tiempo:
no existe la justicia sobre las rosas muertas.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Veinte


Se forma la humedad en las tinajas, el suave resplandor
donde los frutos crujen y Dios calla en el aire.
Odre tu cuerpo,
bajo la luz ardiente que gotea sobre el amor desnudo,
ya sin misericordia, abiertamente herido.
Todo lo que se extingue con la tropa.
La migración.
La sed.
La suave edad en las cucharas cae
como el rocío ensucia el dormitorio.
Todo lo que se extingue por las llagas
y en el amor o en la tragedia
donde los animales retardan su andadura.

De "La luz de los metales"

martes, 15 de septiembre de 2009

Diez

Amor que el tiempo hirió bajo mi nombre,
no fueras tú mi sombra ni mi rastro,
ni el débil tambalear de los maíces, ni el crudo regresar de la marea.
Deja que el día escoja sus vasijas,
vuelve a la tibia luz de los metales.


De "La luz de los metales"

domingo, 13 de septiembre de 2009

Poema 12

Indescifrable el tiempo extiende sus heridas,
brama en la nieve rota por otros caminantes.
Por qué nombrar los rostros que el aire sacudió,
la pálida altitud que el fuego hirió en cenizas;
la sed, la luz, el río, la muerte en cementerios
por donde todo gira para vaciarse en lágrimas.
Para qué descoser la paz de la envoltura,
la multiplicación y el ácido sin límites,
la tregua y el silencio después de arar la tierra.
No existe aquí una piedra para que nazca el mundo,
un túnel que florezca para que inicie el tiempo:
no existe la justicia sobre las rosas muertas.

Poema 19

Así es la luz, el peso que se herrumbra en los metales:
abre su flora y cruje.
Las desteñidas sábanas del día
dilatan sus caderas leves
y nace el mundo.
Lejos la claridad, el vértigo, la sombra.
La pulpa del idioma cayendo a goterones.
Podría abrir la fulminante llaga,
el árbol de humedad cruza la sed.
Es un olor tan ciego, tan duro en confusión
que el río no decanta,
y están los párpados en viaje
como si todo fuera un cuerpo indivisible.

Entonces la semilla
abre su germen tibio hacia la luz.



De "La luz de los metales"

miércoles, 12 de agosto de 2009

A orillas del Ebro


Fotografía de Teo Basterra

sábado, 23 de mayo de 2009

Blanca Sandino



“Quizá sea que en Jericó resuenan las trompetas

o quizá sea un sonido de campanas”

B. Sandino

Digamos que no existe la palabra: el árido color de la verdad atraviesa la nieve. En tu silencio existen párpados, insoportables números que escuecen la luz y la belleza. Es una rosa tan triste la eternidad, y no conoce página ni tiempo, sino una cerradura en la esperanza. Existe un territorio despojado, con árboles tatuados de otro invierno. Existe la orfandad en lo invisible, en el vacío inútil de mi boca. Suceden la madera y el olvido, el ácido reflejo de las islas que amaron nuestros rostros. Digamos que las lámparas encienden el rastro del espejo y la memoria.


Átame a mí los nudos, aquí en mi corazón los barcos nunca zarpan.



domingo, 3 de mayo de 2009

Porque escribí, Enrique Lihn






A Cristina y Angélica


Ahora que quizás, en un año de calma,
piense: la poesía me sirvió para esto:
no pude ser feliz, ello me fue negado,
pero escribí.

Escribí: fui la víctima
de la mendicidad y el orgullo mezclados
y ajusticié también a unos pocos lectores;
tendí la mano en puertas que nunca, nunca he visto;
una muchacha cayó, en otro mundo, a mis pies.

Pero escribí: tuve esta rara certeza,
la ilusión de tener el mundo entre las manos
¡qué ilusión más perfecta! como un cristo barroco
con toda su crueldad innecesaria
Escribí, mi escritura fue como la maleza
de flores ácimas pero flores en fin,
el pan de cada día de las tierras eriazas:
una caparazón de espinas y raíces

De la vida tomé todas estas palabras
como un niño oropel, guijarros junto al río:
las cosas de una magia, perfectamente inútiles
pero que siempre vuelven a renovar su encanto.

La especie de locura con que vuela un anciano
detrás de las palomas imitándolas
me fue dada en lugar de servir para algo.
Me condené escribiendo a que todos dudarán
de mi existencia real,
(días de mi escritura, solar del extranjero).
Todos los que sirvieron y los que fueron servidos
digo que pasarán porque escribí
y hacerlo significa trabajar con la muerte
codo a codo, robarle unos cuantos secretos.
En su origen el río es una veta de agua
?allí, por un momento, siquiera, en esa altura?
luego, al final, un mar que nadie ve
de los que están braceándose la vida.
Porque escribí fui un odio vergonzante,
pero el mar forma parte de mi escritura misma:
línea de la rompiente en que un verso se espuma
yo puedo reiterar la poesía.

Estuve enfermo, sin lugar a dudas
y no sólo de insomnio,
también de ideas fijas que me hicieron leer
con obscena atención a unos cuantos psicólogos,
pero escribí y el crimen fue menor,
lo pagué verso a verso hasta escribirlo,
porque de la palabra que se ajusta al abismo
surge un poco de oscura inteligencia
y a esa luz muchos monstruos no son ajusticiados.

Porque escribí no estuve en casa del verdugo
ni me dejé llevar por el amor a Dios
ni acepté que los hombres fueran dioses
ni me hice desear como escribiente
ni la pobreza me pareció atroz
ni el poder una cosa deseable
ni me lavé ni me ensucié las manos
ni fueron vírgenes mis mejores amigas
ni tuve como amigo a un fariseo
ni a pesar de la cólera
quise desbaratar a mi enemigo.

Pero escribí y me muero por mi cuenta,
porque escribí porque escribí estoy vivo.

viernes, 1 de mayo de 2009

viernes, 24 de abril de 2009

martes, 24 de febrero de 2009

Un reconocimiento a Gabriela Mistral

Agradezco a Emiliano Frías por comentar nuestra visita a la Rioja y ensalzar la figura de la poeta chilena, el acto fue espectacular en el marco de la conferencia sobre Mistral y en el recital poético llevado a cabo en el Ateneo Riojano. También a mi gran amigo Adrián Pérez, sin él nada del maravilloso viaje invernal por sus tierras hubiera sido posible para nuestra familia. Aprovecho de aclarar que la carta debería decir que es Gabriela Mistral la primera mujer poeta en recibir el Premio Nobel de Literatura. Además, fue la primera poeta de nuestra lengua en recibir este galardón.

viernes, 20 de febrero de 2009

lunes, 12 de enero de 2009

Proyección