sábado, 26 de septiembre de 2009

Veinte


Se forma la humedad en las tinajas, el suave resplandor
donde los frutos crujen y Dios calla en el aire.
Odre tu cuerpo,
bajo la luz ardiente que gotea sobre el amor desnudo,
ya sin misericordia, abiertamente herido.
Todo lo que se extingue con la tropa.
La migración.
La sed.
La suave edad en las cucharas cae
como el rocío ensucia el dormitorio.
Todo lo que se extingue por las llagas
y en el amor o en la tragedia
donde los animales retardan su andadura.

De "La luz de los metales"

martes, 15 de septiembre de 2009

Diez

Amor que el tiempo hirió bajo mi nombre,
no fueras tú mi sombra ni mi rastro,
ni el débil tambalear de los maíces, ni el crudo regresar de la marea.
Deja que el día escoja sus vasijas,
vuelve a la tibia luz de los metales.


De "La luz de los metales"

domingo, 13 de septiembre de 2009

Poema 12

Indescifrable el tiempo extiende sus heridas,
brama en la nieve rota por otros caminantes.
Por qué nombrar los rostros que el aire sacudió,
la pálida altitud que el fuego hirió en cenizas;
la sed, la luz, el río, la muerte en cementerios
por donde todo gira para vaciarse en lágrimas.
Para qué descoser la paz de la envoltura,
la multiplicación y el ácido sin límites,
la tregua y el silencio después de arar la tierra.
No existe aquí una piedra para que nazca el mundo,
un túnel que florezca para que inicie el tiempo:
no existe la justicia sobre las rosas muertas.

Poema 19

Así es la luz, el peso que se herrumbra en los metales:
abre su flora y cruje.
Las desteñidas sábanas del día
dilatan sus caderas leves
y nace el mundo.
Lejos la claridad, el vértigo, la sombra.
La pulpa del idioma cayendo a goterones.
Podría abrir la fulminante llaga,
el árbol de humedad cruza la sed.
Es un olor tan ciego, tan duro en confusión
que el río no decanta,
y están los párpados en viaje
como si todo fuera un cuerpo indivisible.

Entonces la semilla
abre su germen tibio hacia la luz.



De "La luz de los metales"