viernes, 15 de enero de 2010

XLV

Concurre la inocencia en la profundidad,
lo corporal se extiende y estás desnuda al fin
bajo las alas púrpuras que trazan la materia.
¿En qué ciudad tu nombre celebra la dulzura,
y qué campana roza tus límites heridos?
En la piedad abrevas el grito del que muere
y en ti mi corazón desata la ceniza:
no puede ser lo impuro bajo estos huesos tibios,
sino la longitud del cuerpo que te inunda.