domingo, 21 de noviembre de 2010

I

Pájaros, formas de haber amado lo volátil de la noche y la imposible huella del rocío.
Luz, hebra de inextinguible cauce sobre el cuerpo que alimenta la sed y la tiniebla.

Yo no escribí los símbolos del agua,
no perpetré la forma a veces tierra de tu voz hecha caída y escaso regocijo en la espesura.

Yo descifré los últimos metales que en tu cuerpo giraron escondidos
y fui el abrigo bajo el viento de las alas, la posibilidad futura de los astros, el suelo abarcador de las raíces.

Sólo aprendí la paz de la pobreza, la paz de estar desnudo en la temblanza, el gris amanecer de los metales.



De "La luz de los metales"

viernes, 5 de noviembre de 2010

La unión de los amantes

La música enredándose bajo la luz insomne.
La población del vino con su vocal rasgada.
La higuera con su edad y la estación perdida.
Toda la esclavitud ciñéndose del catre.
Lo antiguo y maternal, la hierba y el sepulcro.
Los animales ciegos rozando la locura.
Los rieles que la lluvia alzó para el transporte.
Alguien que pasa y muere, alguien que sella un libro.
El sismo y la nación, todo lo que era bello.
La destrucción del mundo en la fragante rosa.
El nido desahuciando la sombra de las sienes.
El astrolabio hundido buscando su horizonte.
La yunta y el tejido donde los niños danzan.
La oscura antigüedad donde la noche nace.
La brújula y el llanto, la prisa y el olvido.