martes, 18 de diciembre de 2012

Gabriela Mistral: "La casa" y "País de la ausencia"



Poemas "La casa" y "País de la ausencia" de Gabriela Mistral en su propia voz, acompañada por la música del compositor y músico chileno Joakín Bello.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Estoy pensando en las orillas


 
Del otro lado, madre, el lodo;
estoy pensando en las orillas.
Acá la noche es larga y honda;
el viento que estremece
las fábulas del bosque me seduce.
Hay algo como puertas,
como sonidos lánguidos y ríos
que caen
o gotean.
Acá la soledad es de paloma
o de quebrada luz en las iglesias.
Acá entre las tinieblas puedo
gritar tu nombre y renegarme,
volver a la canción del nido
o cercenar el aire para siempre.
En la oquedad del mar soy bruma,
y triste como un muerto avanzo.
Golpeo, llamo, nombro;
vislumbro puro invierno y frío,
un lago oscuramente inmenso
donde reclamo el tiempo de la infancia.
Escucho soledad por todos lados
y de mis ojos beben cuervos
las lágrimas que insisten.
Estoy pensando en las orillas,
en los diluvios,
en los sonidos de los árboles
que impactan con la hierba
que lentamente muere en el otoño.
Estoy pensando, madre,
en tu hermosura y tu pureza,
en los caminos que se esconden,
en los retornos mudos,
en el temblor del día,
en la imposible juventud del agua,
en la infinita ausencia
que llora eternidad.
Estoy pensando en las orillas
mientras en calma y en silencio
oigo caer la tarde.

"Para no morir", Turandot Ediciones, 2012

jueves, 11 de octubre de 2012

Breve evolución para un final

Pasarán los recuerdos por la nieve
tendiendo su coraza lenta.
Se callarán las aguas dulces
en el final del túnel imposible
cuando la luna entregue sus magnolias.
Oh jinete, cabalga en el expiro
y guarda entre tus párpados la noche
porque también el día se ha cerrado.



De Para no morir, Turandot Ediciones

martes, 18 de septiembre de 2012

El pulso de la nieve

Inevitable el frío encanto de la nieve,
el clima evaporado en chimeneas
y la tiniebla de la voz.
Las jaulas que se extienden con el viento
anuncian todas las preguntas,
la noche casi pálida,
el tiempo de astronómico retorno
y el juicio verdadero de los niños
que bajo el mismo viento duermen.
El llanto forma usanzas lúgubres
y entonces los caballos
avanzan en galope ciego,
se quiebran los insectos de la edad
y surge así el otoño.
En todo este martirio la palabra
abre sus letras vírgenes
que bajan despobladas a mis uñas
para escribir la muerte.
Jamás imaginé la aguja del silencio
quebrándose en los meses del ayer
o sobre el día
que ocurre desolado.
Esta es al fin la cuerda floja,
el pánico del mundo
llevándote a su grito.
Jamás imaginaste la cárcel del jardín,
ni sus barrotes húmedos en llanto,
ni su invisible cruz
que arrastra todo el tiempo.
Preferible es callar cuando es de noche
y oír casi dormidos el pulso de la nieve.

De: "Para no morir", Turandot Ediciones, 2012

miércoles, 7 de marzo de 2012

Del hambre

Subsisten bicicletas en los patios heridos,
y en nuestro corazón la sombra de los techos oxidándose
persiste a toda vanidad.
Aún el llanto del exilio, aún la puerta rota,
aún el ruido ardiente de las tripas por la noche.
El hambre, con su muro verde,
con su jaula vacía desollando la infancia.
Era la lluvia y sus metales causándonos invierno y desnudez,
creciendo en nuestras uñas o en los años,
dejándonos la oscuridad y el olor de las migas.
Oíamos la sangre en los pasillos,
callábamos la miel inexistente
y el sueño en nuestros párpados hervía las palabras.
Así fue la pobreza marcándonos los huesos
y el joven corazón de nuestros padres.
Ahora me traspasa el grito en la memoria herida,
a menudo retornan los insectos del hambre
al largo desalojo de las mesas,
a menudo las cifras del dolor sumergen la esperanza.
Acá se encuentra el duelo y el aceite, la cólera y el miedo,
los ojos no cegados de mi madre, la fatiga y el llanto.
Pero lejos del óxido subsisten lugares de pureza en que dormir,
el lento despegar del frío y su balanza,
el ruido engendrador que aflora en nuestros puños.



De "La luz de los metales"

lunes, 20 de febrero de 2012

VII


Hecho de barro el todo desiste en sus vasijas,
las puertas que el silencio abrió, las tibias luces
después de los umbrales, el aire casi ciego
que insiste en componer la edad y sus manteles.
Desiste la humedad y el hueco del amor,
desisten herramientas que alguna vez forjamos,
desiste ante la herrumbre el peso de la luz,
la carga y el sonido que ocultan nuestros huesos,
el ácido y el yunque que incitan la memoria.