martes, 18 de septiembre de 2012

El pulso de la nieve

Inevitable el frío encanto de la nieve,
el clima evaporado en chimeneas
y la tiniebla de la voz.
Las jaulas que se extienden con el viento
anuncian todas las preguntas,
la noche casi pálida,
el tiempo de astronómico retorno
y el juicio verdadero de los niños
que bajo el mismo viento duermen.
El llanto forma usanzas lúgubres
y entonces los caballos
avanzan en galope ciego,
se quiebran los insectos de la edad
y surge así el otoño.
En todo este martirio la palabra
abre sus letras vírgenes
que bajan despobladas a mis uñas
para escribir la muerte.
Jamás imaginé la aguja del silencio
quebrándose en los meses del ayer
o sobre el día
que ocurre desolado.
Esta es al fin la cuerda floja,
el pánico del mundo
llevándote a su grito.
Jamás imaginaste la cárcel del jardín,
ni sus barrotes húmedos en llanto,
ni su invisible cruz
que arrastra todo el tiempo.
Preferible es callar cuando es de noche
y oír casi dormidos el pulso de la nieve.

De: "Para no morir", Turandot Ediciones, 2012