lunes, 12 de noviembre de 2012

Estoy pensando en las orillas


 
Del otro lado, madre, el lodo;
estoy pensando en las orillas.
Acá la noche es larga y honda;
el viento que estremece
las fábulas del bosque me seduce.
Hay algo como puertas,
como sonidos lánguidos y ríos
que caen
o gotean.
Acá la soledad es de paloma
o de quebrada luz en las iglesias.
Acá entre las tinieblas puedo
gritar tu nombre y renegarme,
volver a la canción del nido
o cercenar el aire para siempre.
En la oquedad del mar soy bruma,
y triste como un muerto avanzo.
Golpeo, llamo, nombro;
vislumbro puro invierno y frío,
un lago oscuramente inmenso
donde reclamo el tiempo de la infancia.
Escucho soledad por todos lados
y de mis ojos beben cuervos
las lágrimas que insisten.
Estoy pensando en las orillas,
en los diluvios,
en los sonidos de los árboles
que impactan con la hierba
que lentamente muere en el otoño.
Estoy pensando, madre,
en tu hermosura y tu pureza,
en los caminos que se esconden,
en los retornos mudos,
en el temblor del día,
en la imposible juventud del agua,
en la infinita ausencia
que llora eternidad.
Estoy pensando en las orillas
mientras en calma y en silencio
oigo caer la tarde.

"Para no morir", Turandot Ediciones, 2012